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"El Amor No Es Amado..."

Al
pasar el tiempo y seguir con estas alegrias y tristezas que la vida me dio y no ser como un solitario en la playa,
un grano de arena en la orilla del mar, ni tampoco simplemente uno entre millones de hombres del pasado, del presente y del
futuro. No. Comprendi que soy una persona única, amado por Dios como si yo fuera su único hijo, el único fruto
de su fuerza creadora. y que a lo largo de la vida logre entender el significado del amor de Dios
Él me ama.
Él me creó; puso un alma en mi cuerpo; me revistió de una personalidad destinada a
darle a Él una gloria única por toda la eternidad, porque Él me ama.
Jesús es la imagen perfecta del Padre. Cuando
veo a Jesús veo al Padre- veo el Amor-, veo al Espíritu.
Aunque yo pudiera meter todo el amor del mundo en un solo corazón, eso no sería sino una
chispa en comparación con el amor con que me ama el Corazón de Jesús.
Yo no puedo ni siquiera imaginar esta clase de
amor porque nunca he visto un amor tan grande. Pero ¿será posible?. ¿Puedo yo decir que nunca he visto ese grado de amor?.
El Verbo Eterno abandonó su gloria y descendió para vivir entre un pueblo al que Su amor le era indiferente. Desde el mismo
instante de su entrada en este mundo Él sintió la frialdad del corazón de los hombres, mas Su Corazón de pequeñuelo, latiendo
en la cuna, ya latía por amor. “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron”.
El corazón siente y reacciona
ante las emociones humanas. Hay alguien que pueda entender la profundidad del amor y hacer de eso una vida. yo lo intente
pero soy tan indefenzo que perdi fuerzas antes de que comenzara.
mientras veo a las personas tengo miedo de mi
corazón, miedo de la tragedia que acontece todos los dias en mi alrededor acongojado por que no puedo hacer nada
para aliviar el dolor que van invadiendo el corazón de las personas al ver tanto sufrimiento?
No
puedo comprender un amor que se alimenta e inflama por alguien tan desagradecido como yo. Mi amor se enfría en cuanto aparecen
el dolor o el sacrificio. El peso de mis errores parece exprimir el amor fuera de mi corazón.
Mi amor se manifiesta
al recibir; el Suyo, al dar. Mi amor disminuye con el dolor; el Suyo no tiene límite. Mi amor crece cuando Él dice “sí”
a todas mis peticiones; el Suyo se goza de hacer la voluntad de Su Padre, aún cuando Su petición no le fue concedida.
Mi
amor es caprichoso: encendido hoy, frío mañana; Su amor por mí es constante y fiel, siempre igual. Su amor ilimitado e inmutable
es como una corona de espinas alrededor de Su Corazón, y las crueles puntas de esas espinas son mis pecados de ingratitud
y tibieza. Cuando alguien me ofende, mi amor se enfría y este frío endurece mi corazón. Es como la anestesia, que mata el
dolor. Su Corazón es distinto. Su amor por mí no deja de fluir, como de una fuente infinita de amor, totalmente desprendido
de Sí mismo, que arde esplendoroso. Arde incesante por mí y, como no disminuye al ofenderlo yo- al ofender Su amor- ese amor
ilimitado provoca en Su Corazón un dolor desconocido para el hombre.
Sin duda que el Corazón que Jesús mostró a sus
hijos - el Corazón ardiendo, coronado de espinas- estaba envuelto en una combinación de su propia intensidad y de mis ofensas,
mis exigencias y caprichos egoístas. Cuando el amor infinito se encuentra con la superficialidad egoísta, la fuerza del Amor
restringido, no correspondido, se vuelve sobre sí mismo lleno de dolor. No puede decrecer, y sin embargo, no encuentra correspondencia
de parte de la creatura, tan amada por Jesús. En verdad es como una corona de espinas que rodea el Corazón siempre fiel, pero
rechazado y hecho a un lado para dar paso a amores insignificantes.
El Corazón de Jesús muere por mi amor porque Él
es así de bueno. Él ansía llenarme de su paz, una paz que ni el mundo ni las cosas que busco con tanto ahínco me pueden dar.
Él está a la puerta de mi corazón, esperando ser invitado. ¡Con qué frecuencia se la pasa ahí afuera, en el frío, esperando
hasta que yo me dé cuenta de su presencia y responda a Su amor; hasta que le diga que lo amo.
¡Corazón compasivo de
Jesús, ten misericordia de mí!
El Corazón de Jesús es compasivo y comprensivo. Él ha sentido el aguijón de la ingratitud
y cuando mi corazón sufre por esa misma ofensa, puedo volverme a Él, seguro que Él entenderá mis sentimientos. Sí hay, sin
embargo, una gran diferencia entre nuestras reacciones ante la ingratitud. Su amante Corazón perdona tan fácilmente, mientras
el mío está lleno de resentimientos. ¿Cómo obtener un corazón tan generoso?. Sólo hay un camino: debo contemplar ese Corazón
tan compasivo hacia los pecadores y hacerlo mío. Debo meditar acerca de Su amor y misericordia, y entonces mi corazón se ablandará
ante el siguiente golpe- el siguiente dolor- y no se endurecerá ante el sufrimiento. Mi corazón es frío, egoísta e indiferente,
pero la luz que irradia de Su Corazón tocará el mío y lo transformará, como el sol que asoma entre los nubarrones negros.
Amable Corazón de Jesús, hazme manso y humilde.
Un día Jesús estaba hablando con sus Apóstoles y dijo: “Vengan
a Mí los que se sientan cargados y agobiados, porque Yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso
y humilde de corazón, y sus almas encontrarán alivio” (Mt 11, 28-30).
Jesús me invita a acercarme a Él cuando
estoy agobiado. No prometió quitarnos nuestras cargas, porque yo debo cargar la mía como Él cargó la suya. Pero puedo aligerarla
acogiéndome a Él, poniendo mi carga en Su Corazón. Él prometió hacer suyas nuestras cargas, porque también Él me pidió cargar
con su yugo. Mis cruces se convierten en Sus cruces porque su Sagrado Corazón toma sobre sí cualquier pena que me invada y
participa de ella conmigo. Su amor por mí llega a mi corazón, toma mi dolor y lo hace suyo. El amor no únicamente participa
en el gozo, sino en el dolor. El amor siente la agonía del amado mucho más intensamente porque la fuerza del amor intensifica
cada dolor y cada angustia.
El siente mi dolor más profundamente de lo que yo lo puedo sentir porque me ama y
sufre de un modo infinito. Él ha hecho mucho más que simplemente liberarme de mis sufrimientos: los ha hecho suyos. Él desea
que yo sobrelleve esos sufrimientos del mismo modo como Él llevó los suyos durante su vida: mansamente y con un corazón humilde.
Él no quiere que la amargura de lo que yo considero sufrimientos no merecidos me endurezcan el corazón y lo conviertan
en un vaso lleno de resentimientos.
Él no desea que el fuego de la ira consuma y destruya el tejido mismo de mi corazón.
Las injusticias que Él padeció jamás disminuyeron Su amor ni Su deseo de hacer la voluntad de Su Padre. El mantuvo la mirada
fija en el Padre porque Él había depositado su carga en el Corazón del Padre.
Debo entender cómo reaccionaba ese Corazón
ante los sufrimientos y reaccionar también yo antes esas pruebas con el mismo amor y humildad.
yo debo mostrar ante el mundo el Corazón de Jesús poseyendo ese corazón como si fuera mío. ¿Puedo
yo atreverme a aspirar a tal grado de santidad que pueda afirmar “el que me ve, ve a Jesús”?. Sí, sí puedo, porque
eso es precisamente el “resto” que Él prometió si yo aprendía de Su Corazón los secretos de una vida pacífica.
Corazón misericordioso de Jesús, enséñame a perdonar.
Él
no puede dejar de amar; no puede condenar aún en medio de la más atroz injusticia. Él deja que sea el Padre quien juzgue.
Su Corazón es manso y humilde hasta el fin y pide clemencia precisamente para aquellos que causaron su agonía. La misericordia
de Dios estaba lista para perdonar precisamente a aquellas personas que lo odiaban. Aquí lo que cabría preguntar es si sus
corazones fueron capaces de arrepentirse para poder recibir la misericordia que se les ofrecía. El Corazón de Jesús no deja
de ofrecerme misericordia. Es mi corazón el que tiene dificultades para arrepentirse. Yo nada tengo que preocuparme acerca
de Su misericordioso Corazón. Son mi orgullo y mi duro corazón los que me llevan a fallarle y rechazarlo. Para evitar caer
en ese pozo de interminable oscuridad debo ser misericordioso y estar dispuesto a perdonar. No puedo fijarme en la injusticia
o en la ofensa que me hacen. Como Jesús, debo tener listo el corazón, listo para interceder por aquellos que me ofenden. Mi
corazón debería irradiar el amor de Jesús de tal modo que las injurias nunca lo disminuyesen; nunca lo disminuyese el rechazo;
nunca lo cambiase la frialdad. El amor quedó clavado a un madero por manos de hombres llenos de odio, pero Él nunca dejó de
existir.
Corazón herido de Jesús, escóndeme dentro de Ti.
El amor llega a extremos. El amor infinito tenía que
dar hasta la última gota de su sangre vivificante. Sabemos que no hay mayor dolor físico que el causado por una gran pérdida
de sangre; mayor sed que la de los labios resecos de quien está débil por la pérdida de fluidos vitales.
El amor del Corazón de Jesús sintió el dolor de cada gota de sangre derramada por mi redención.
Cada dolor fue aceptado y soportado por amor a mí. Cada gota de sangre fue derramada mientras gritaba: “Te amo”.
Y
todo lo hizo por mí.
En adelante no seas incrédulo sino hombre de fe. Jesús me pide: “¡Mira!”. Quiere
que yo mire Sus manos y Su Corazón traspasado. Son las pruebas de Su amor y misericordia. Ellos serán mi fuente de gozo, porque
yo gozaré cuando me dé cuenta cuánto me ama Él. El gozo crece y abunda cuando Su amor por mí se convierte en una realidad.
Mi madre me trajo a este mundo con dolor, y nací a la vida gracias al dolor de mi Dios.
Ambos dolores fueron sobrellevados con amor, uno finito para darme vida, otro infinito para darme eternidad. ¿No es acaso
una alegría saber que fui creado por amor, nacido por amor y redimido a través del amor?. Sí. San Juan nos dice claramente:
“Así se manifestó el amor de Dios entre nosotros. No somos nosotros los que hemos amado a Dios, sino que Él nos amó
primero”.
La alegría y la paz no me llegan desde fuera, sino de lo profundo de mi corazón donde Jesús y yo estamos
solos. Es la alegría de Su Corazón resucitado lo que debe irradiar hacia mi prójimo. Fue comprada a un altísimo precio; es
el tesoro de los tesoros- la perla más valiosa: Dios me ama. El Corazón de Jesús fue traspasado de modo que la sangre de Su
divinidad y el agua de mi humanidad pudieran fluir juntas y manifestar el amor del Padre por la raza humana.
Dios mio haz mi corazón parecido al
Tuyo: manso, humilde y pobre.
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